El cincuentín de 1631

El cincuentín de 1631

El cincuentín de 1631 500 248 admin

Es una de las grandísimas rarezas en la numismática filipina, el cincuentín más difícil de este monarca después de los míticos 1622 y 1652, que son de extremada rareza y prácticamente inaccesibles.

Entre los trece cincuentines que rematará la firma Cayón el próximo 28 de abril se encuentra un ejemplar de esta fecha, posiblemente la tercera en rareza de toda la serie. Sólo se conocen siete ejemplares, uno de los cuales es el que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y que formaba parte de la antigua colección de Domingo Sastre. Esta moneda presenta la marca A superada de cruz, correspondiente a Andrés de Pedrera y se presenta en EBC-/MBC+, con un ínfimo fallo en el canto típico de la serie. De las siete monedas que conocemos, al menos cuatro tienen defectos de laminado en diferente grado. Según el archivo de Cayón, el mejor cincuentín de 1631 en manos privadas y quizá el mejor de todos los conocidos.

El texto que acompaña a esta singular moneda en el catálogo de la subasta, que reproducimos a continuación, gracias a la amabilidad de Subastas Cayón, nos permite saber más sobre esta emisión, encuadrándola en el marco del funcionamiento del Real Ingenio de Segovia.

El año de 1631 parece que es el que colma el vaso de la paciencia del rey. En un memorial de fecha 25 de enero se escribe: “por quanto el principal fin con que el Rey mi Señor y Abuelo que aya gloria mandó fundar la Casa del Ingenio de Moneda de la Ciudad de Segovia, fue para que labrase en él continuamente sin cesar, por que con esto se propuso que sólo lo que importase su beneficio sería bastante para el sustento de la Casa Real”. Sin embargo, las enormes pausas totalmente ruinosas son comunes en su vida y serán una rémora absoluta del normal proceder de la fábrica.

Rivero en sus textos sobre Segovia solo da una noticia más con respecto al año 1631: habla de un memorial de fecha 16 de mayo en el que un tal Gerardo Basso solicitaba la acuñación de una serie de pruebas en cobre de una moneda que tendría una reducción de más del 20 por ciento en la ley.

La petición, vista la desesperada misiva de enero apuntada, es rápidamente aceptada y hoy sólo tenemos el recuerdo de la persona de Basso por una serie de excepcionales pruebas de diversos cobres y por las enormes críticas que recibió (que se hicieron en forma de un panfleto llamado “Desengaños y réplicas a las proposiciones de Gerardo Basso…”). Estas pruebas de cobres debieron mantener ocupado al personal de la casa pues todas las piezas hoy conocidas están laminadas con rodillos hechos a propósito con tipos totalmente novedosos.

Los raros 50 reales de 1631 tienen origen en el año anterior cuando, el 22 de Noviembre (fig. 1), se aprobó la acuñación de 50 cincuentines y 50 onzas con el metal entrado a la Casa por dos de sus clientes habituales: los comerciantes sevillanos Lope de Ulloque y Pedro de Aramburu, que son de los mejores clientes de monedas excelentes del Ingenio entre los años 1628 y 1635 y que este año de 1630 estaban laminando 16.195 kg de plata. El metal había llegado a finales de octubre, comenzando la fundición el 28 de este mes.

Indica Murray que además se señala en las fuentes que el 13 de noviembre solamente habían depositado en Segovia 13.803 kg llegando los restantes 2.492 kg más tarde, aunque el compromiso de los sevillanos había sido el de traer 30.596 kg y oro abundante, del que no consta entrada alguna finalmente. Por este motivo, parte de la labor no se llegó a acuñar hasta enero de 1631, momento en que se laminó este ejemplar porque los únicos depósitos de metal noble por parte de comerciantes en todo el año treinta y uno corresponden a Ulloque y Aramburu.

Fig. 1. Petición de Lope de Ulloque y Compañía, compradores de plata de Sevilla, de una licencia para acuñar 50 cincuentines y 50 escudos de a ocho, aprobada el 22 de noviembre de 1630.

Subastas Cayón

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