Monedas y conservación preventiva

Monedas y conservación preventiva

Monedas y conservación preventiva 240 268 admin

La conservación y restauración de las monedas es un aspecto que preocupa gravemente a sus propietarios, bien se trate de instituciones museísticas o de coleccionistas.

La conservación, o conservación preventiva, es el método de trabajo que identifica y controla los riesgos de deterioro material de los objetos producidos por factores o agentes externos a los mismos. Así, la conservación preventiva creará un medio ambiente favorable a la permanencia del objeto. Para ello, debe conocer no sólo esos agentes externos, sino también las características físicas y químicas de los objetos a conservar.

Sin embargo, en ocasiones, la conservación preventiva no llega a impedir el deterioro. También puede ocurrir que los objetos lleguen a las colecciones en muy mal estado. Es entonces necesaria una intervención directa sobre el objeto, manteniendo su integridad estética e histórica, para garantizar su conservación futura a través de la restauración.

La tendencia actual en la conservación-restauración de patrimonio cultural es impedir o retrasar lo máximo posible la intervención directa sobre el objeto, priorizando la conservación preventiva.

En lo que se refiere a la conservación preventiva de las monedas, esta no difiere mucho de lo atendido para cualquier otro objeto metálico. Nos referimos al control de las condiciones ambientales: humedad, temperatura, iluminación, contaminación atmosférica y agentes de biodeterioro.

El metal es un material inorgánico y no higroscópico por lo que, a priori, se ve poco afectado por la humedad porque no se dilata. No obstante, expuesto a una humedad excesiva puede sufrir alteraciones como la oxidación y la corrosión. Pensemos, por ejemplo, en las monedas procedentes de excavaciones arqueológicas y que se extraen después de un largo periodo de tiempo enterradas; o en monedas conservadas en museos cerca del mar.

Fig. 1.- Monedas de la Fragata Mercedes (imagen tomada de rtve.es).

La temperatura es otro factor controlado por la conservación preventiva. El metal es un material que no presenta mayores problemas a una temperatura ambiente, lo que no significa que haya que descuidar los cambios bruscos de temperatura.

En términos generales, los especialistas recomiendan que la temperatura se mantenga entre los 18-21ºC y la humedad se sitúe en torno al 50-55 % de H.R. (humedad relativa).

La luz tiene un importante poder degradante sobre ciertos materiales. Por suerte para las monedas, el metal es un material insensible a la intensidad de la luz y admite una exposición bastante alta, en torno a los 300 lux como máximo, según los estudios científicos.

La contaminación atmosférica y los agentes de biodeterioro afectan en menor medida a los metales. No obstante, estos agentes de deterioro no deben olvidarse en la conservación preventiva de las monedas, ya que pueden favorecer la aparición y desarrollo de otros procesos de alteración.

En principio, y como hemos visto, el metal del que están fabricadas las monedas es bastante resistente a los factores externos de deterioro. Sin embargo, y a la hora de llevar a cabo un plan de conservación preventiva, hay que valorar otros aspectos.

Por un lado, el hecho de que no todos los metales presentan las mismas características de pureza, resistencia y estabilidad: a priori, una moneda de oro se deteriorará menos que una moneda fabricada con una aleación de baja calidad.

Por otro lado, pensemos en la exposición de las monedas juntos con otros materiales en un contexto museístico: un tesoro junto con su caja de madera, una moneda junto con una cerámica, restos óseos, textiles, etc.

Fig. 2.- Tesoro de Gazteluberri (imagen tomada de man.es)

En todos estos casos, los especialistas en conservación preventiva deberán valorar las necesidades de conservación de cada uno de los objetos respecto a los materiales de los que están fabricados, para encontrar los valores más adecuados de cara a garantizar la preservación del conjunto a lo largo del tiempo.

PARA SABER MÁS:

Bonache Gutierrez, M. A. (2010): “La conservación preventiva en la exposición permanente”; Ejército: de tierra español,  nº. 831, pp. 32-39.

GALLEGO, C. (2009): “La conservación preventiva de los metales procedentes del contexto arqueológico. El caso de la Villa de Carranque (Toledo)”; BARRIO MARTÍN, J.; CANO DÍAS, E. (coords.): MetalEspaña’08: Congreso de conservación y restauración del Patrimonio Metálico, 10, 11 y 12 abril de 2008; Auditorio de la FGUAM. Cantoblanco. UAM. pp. 114-118.

GARCÍA ALONSO, E. (2018): “Estudio, conservación y restauración del tesoro de Valsadornín (Museo de Palencia)”; Informes y trabajos. Instituto del Patrimonio Cultural de España, nº16, pp. 122-131.

GARCÍA FERNÁNDEZ, I. (2013): La conservación preventiva de los bienes culturales. Alianza Forma, Madrid, 2013.

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