Una moneda de Felipe IV, clave en la identificación de Cervantes

Una moneda de Felipe IV, clave en la identificación de Cervantes

Una moneda de Felipe IV, clave en la identificación de Cervantes 266 400 admin

Testimonios documentales e indicios arqueológicos, como una pieza de dieciséis maravedíes de la década de 1660, avalan la posibilidad de que algunos de los restos humanos mezclados en un osario puedan ser los del escritor.

En estos días se ha escrito mucho sobre la posible identificación de los restos de Miguel de Cervantes en las excavaciones que se están realizando en la cripta del convento de las Trinitarias de Madrid. El equipo multidisciplinar que ha desarrollado el proyecto, muy prudentemente, no lo confirma con seguridad ante la decepción de los numerosos medios de comunicación que esperaban una certeza. Se han vertido muchas informaciones confusas, que parece que se van aclarando con la lectura del informe que han elaborado los diferentes especialistas del proyecto.

Desde un punto de vista arqueológico, hay bastantes indicios para creer que, efectivamente, los restos de Cervantes han aparecido, pero vamos a verlo paso a paso. Para empezar, no cabe duda de que el insigne escritor fue enterrado en el convento de San Ildefonso, de las Trinitarias Descalzas, el día siguiente de su muerte, el 22 de abril de 1616. Sin embargo, este convento fue demolido y sustituido por el actual, que comenzó a construirse en 1673. Aunque hasta ahora se creía que el edifico moderno se había levantado en el solar del anterior, la exhaustiva revisión de la documentación que se ha realizado en el marco de este proyecto prueba que ambos edificios se simultanearon durante algunas décadas, las que transcurren entre la consagración de la iglesia nueva y la demolición de la antigua. Este hecho implicó que los restos humanos inhumados en la iglesia primitiva no se quedaron debajo de la nueva, en su mismo lugar, sino que se trasladaron a la nueva, y entre ellos se encontrarían los de Miguel de Cervantes.

La actual cripta del convento de las trinitarias estuvo lista para albergar enterramientos a partir de 1730 y la campaña de excavación y prospección arqueológica ha revelado que fueron muchos los cuerpos depositados allí. Además de los nichos de las paredes, que se revelaron más modernos de la época cervantina, se procedió a excavar el suelo de la cripta, documentándose en él tres niveles de enterramientos. Según los principios básicos de la arqueología, lo más moderno es siempre lo más superficial, así que los primeros niveles encontrados bajo el suelo de losas debían pertenecer a los enterramientos más modernos. Estos pudieron fecharse gracias al análisis textil de las vestimentas que conservaban algunos individuos, entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. Sin embargo, por debajo de estos, en el tercer estrato o nivel, se encontró la vestimenta de un capellán que sí podía fecharse en el siglo XVII.

Los arqueólogos se van acercando a su objetivo y, solo unos centímetros por debajo del ataúd de este capellán, se documenta la existencia de un osario, o reducción de huesos, que se apoya directamente sobre el suelo natural, es decir, no hay nada debajo, confirmando que esos son los enterramientos más antiguos de la cripta.

Lo primero que hay que comentar es que esta reducción concuerda muy bien con lo que se puede esperar como resultado de un traslado de huesos que habrían llevado un siglo enterrados (desde antes de 1630 a 1730, aproximadamente). Los cuerpos estarían totalmente esqueletizados, por lo que habrían sido enterrados en el suelo de la cripta formando un osario o reducción.

Afortunadamente, entre los fragmentos de huesos que se han recuperado en esta reducción se conservan otros materiales arqueológicos. Para empezar restos de indumentaria litúrgica que se puede fechar en el siglo XVII. Pero también, y ya llegamos a lo que más nos interesa a los numísmatas, una moneda de cobre que ha podido ser identificada como una pieza de 16 maravedíes de Felipe IV.

A pesar de los procesos de limpieza y minuciosa restauración de los que ha sido objeto, la mala conservación de esta moneda, con un deterioro absolutamente compatible con haber estado en contacto con cuerpos en descomposición, impide adscribirla a una ceca concreta o incluso fijar su fecha más allá de la década de 1660. Si se considera la vida “útil”, es decir, el periodo de circulación de esta moneda en unas décadas posteriores a su fecha de emisión, estaría en consonancia con las fechas de traslado de los enterramientos de la primitiva iglesia al nuevo osario, es decir, la reducción de huesos mencionada.

Hasta hora todo concuerda: estratigrafía, análisis de textiles y numismática nos llevan al siglo XVII. Pero ¿cómo saber si, efectivamente, estos son los restos de Miguel de Cervantes? La prueba más clara nos ha llegado de la mano de la documentación. Sabemos por ella que en el primitivo convento de San Ildefonso sólo se realizaron enterramientos entre los años 1612 y 1630, lo que reduce el número de personas inhumadas a diecisiete (seis niños, seis varones y cinco mujeres); se conoce, incluso, el nombre de todas ellas, incluido, claro está, Cervantes.

Pues bien, el análisis de los huesos que se han recuperado en la reducción se ha identificado un número mínimo de cinco niños y diez adultos (cuatro hombre, dos mujeres y cuatro sin determinar). Se sabe además que entre los restos se encontrarían los de un sacerdote, al que pertenecerían las vestimentas litúrgicas de las que hablamos antes, y que muy bien podría ser Francisco de Santiago, enterrado en 1621. La práctica similitud de número y características de sexo y edad entre lo recogido por las fuentes archivísticas y lo corroborado por la intervención arqueológica ha sido clave para respaldar la conclusión final del equipo sobre la casi certeza de presencia de restos de Miguel de Cervantes en este conjunto.

El problema de estos huesos es su mal estado de conservación, lo que dificulta enormemente su estudio antropológico. Hasta el momento se han identificado algunos que podrían pertenecer a un varón adulto de edad avanzada, especialmente una mandíbula con pérdida de dientes en vida -–la citada escasez dental de Cervantes en sus últimos años- pero no hay ninguna prueba de que puedan pertenecer al escritor.

Muchas voces se han alzado pidiendo una prueba de ADN que certifique la identificación de los restos con los de Cervantes, en algunos casos dando incluso a entender que sin ese cotejo el resto de la investigación no vale nada. Pero ¿con quién? Algún medio de comunicación sugería, como nueva piedra filosofal, que se buscaran los restos de la hermana de Cervantes enterrada en Alcalá de Henares pero, como indicó el director del proyecto, se sabe que esos restos también están reducidos en un osario por lo que es prácticamente imposible identificarlos con certeza.

En conclusión, las cosas no son tan sencillas ni tan simples como las quieren presentar algunos. En este caso la documentación aportada y la metodología son contundentes y sólidas en la presentación de los resultados. En ciencia se demuestran argumentos y se elaboran o articulan hipótesis y respuestas en virtud de éstos, no de lo que uno quiere. Y no nos engañemos: por más que se incorporen las últimas tecnologías, ni la historia ni la arqueología se consideran ciencias exactas.

Isabel Rguez. Casanova

Dra. en Arqueología

Imágenes: J. Balaguer/ Ayuntamiento de Madrid.

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