El tesoro de Manzaneda (Oviedo): los ilustrados asturianos y la Numismática

El tesoro de Manzaneda (Oviedo): los ilustrados asturianos y la Numismática

El tesoro de Manzaneda (Oviedo): los ilustrados asturianos y la Numismática 356 400 admin

La extendida afición a la Numismática en Asturias se remonta ya a varios siglos. Uno de los primeros testimonios conocidos es la recuperación de un tesoro de moneda romana que se descubrió casualmente en Manzaneda en 1782 y en la que intervinieron personalidades de la talla de Campomanes o Jovellanos.

Benito, llévate Bernardino Botas dos monedas de una mina que topó una moza de Manzaneda estando sallando en una de las canteras que tu abriste en el pico de ella”. Así comienza una misiva que se conserva en el Gabinete Numario de la Real Academia de la Historia y que está fechada en marzo de 1782. El destinatario de la carta era Benito Álvarez Perera, arquitecto responsable de diversas obras públicas en Asturias, especialmente la carretera de Castilla, y autor también en 1778 de la fuente de Manzaneda, y quien le escribe es posiblemente su esposa, Mª Teresa Ortea. La carta describe el hallazgo de un tesoro de moneda romana del que se dan más detalles a continuación. El descubrimiento se habría producido casualmente en el Soto del Llano; las monedas se encontraron dentro de una olla de barro y su número debió ser elevado, puesto que unos hablaban de seis mil, otros de cuatro mil, aunque la autora del descubrimiento sólo contó que se recogieron en tres escudillas. Entre las piezas recuperadas se dice que había de Marco Antonio, César Augusto, Octaviano y Domiciano, así como que en los reversos aparecían cónsules y pontífices máximos.

Pocos días después, el cinco de abril del mismo año, ya se recoge en las actas de la Academia de la Historia la donación del entonces director, Pedro Rodríguez de Campomanes, de ’quatro monedas de Plata, la una de Augusto, y las tres de Tiberio halladas en el Principado de Asturias cerca de Oviedo en el Sitio que llaman el Llano de Paderni, pegado a la carretera junto al sendero que va á Manzaneda’.

A partir de ese momento parece que la institución se hubiera movilizado intentando localizar el resto de las piezas: Campomanes realiza una nueva donación en junio y otra en agosto, esta última vez de parte de ’Dn Jacinto Díaz de Miranda colegial de Bolonia y chantre de la Sta. Iglesia de Oviedo, con una lista de sus leyendas, las quales se hallaron en una montaña cerca de donde se esta construyendo el Puente, que llaman de Olloniego, en la carretera que de Oviedo dirige a Leon’. Afortunadamente, en el Gabinete Numario de la Academia se conserva un documento en el que se catalogan las doce piezas alto-imperiales de esta donación.

Por las mismas fechas, con muy pocos días de diferencia, será Gaspar Melchor de Jovellanos, otro asturiano ilustre, quien envíe nuevas monedas a Pedro Rodríguez de Campomanes, un conjunto heterogéneo de treinta y seis monedas, todas encontradas en el Principado, de diferentes épocas y metales, entre ellas veinte romanas, aunque no da datos para afirmar que alguna pueda proceder del hallazgo de Manzaneda.

A pesar de estas donaciones, la parte del león del tesoro, nada menos que seis libras, quedó en manos de Bernardino de Sierra Quiñones, por entonces rector de la Universidad de Oviedo (1780-1781) y canónigo de la Catedral, según cuenta J. Somoza en su obra De la Numismática en Asturias.

Los detallados datos que nos proporcionan las noticias antiguas sobre el lugar del hallazgo permiten identificarlo en la actualidad con el actual Paderni, junto a Manzaneda, no lejos del puente de Olloniego y del pico Lanza, en la margen izquierda del Nalón (en la foto El Castiellu de Ollorniego). Este lugar no dista mucho del camino natural que une Asturias con León, atravesando el puerto de Pajares y siguiendo el curso del río Caudal hasta el Nalón, una vía de penetración desde la Meseta Norte conocida al menos desde época romana y que puede identificarse con la recogida en el Anónimo de Rávena que enlazaba Asturica Augusta (Astorga) con Lucus Asturum (Lugo de Llanera) aunque a través del Puerto de La Carisa. El cruce del río Nalón se realizaba a la altura de Olloniego, cuyo puente en origen fue obra romana, aunque el conservado hoy en día es de traza medieval, con una gran remodelación del XVIII en relación con la construcción del ya citado Camino de Castilla.

Desconocemos el número de piezas que componían el tesoro, pero su número debía ser considerable. Parece que a la Academia de la Historia llegan, al menos, dieciocho monedas, de tres envíos diferentes, aunque dado el tiempo transcurrido y los avatares sufridos por el monetario, resulta prácticamente imposible saber si los ejemplares conservados con esos tipos pertenecen o no al tesoro de Manzaneda. Además, las monedas de las que se da noticia son bastante comunes.

Hasta donde podemos conocer de la composición del hallazgo, se trataría de un atesoramiento cerrado en los primeros años del reinado de Tiberio. En su composición presenta alguna moneda republicana tardía (una pieza de las emisiones legionarias de Marco Antonio RRC 544.19, 32-31 a.C.), algo habitual en los tesoros de esta época, aunque el grueso se concentra en el reinado de Augusto. Llama la atención en la muestra conservada que la emisión de Cayo y Lucio Cesares (RIC I2 207-212) esté representada por un sólo ejemplar, cuando se trata de la más abundantemente presente en los atesoramientos de la época, con especial incidencia en el noroeste peninsular. Este hecho puede deberse simplemente a una selección previa de las monedas, y no tanto a un indicio de que la fecha de ocultamiento sería muy cercana a la de su acuñación, ya que se tiene certeza de la presencia de emisiones de Tiberio, y muy posiblemente en un porcentaje mayor del recogido en la muestra.

Las menciones a otras monedas que habrían aparecido en el tesoro -emisiones de César Augusto, Octaviano…- casan perfectamente con la muestra enviada a la Academia. Únicamente choca la referencia a piezas de Domiciano que aparece en la carta donde se da la noticia del descubrimiento, por lo que el dato debe interpretarse como un error de identificación de la pieza.

De lo poco que sabemos, se deduce que la muestra de monedas del tesoro enviada a la Academia de la Historia no responde proporcionalmente a lo que cabría esperar en la composición de un hallazgo de la zona cerrado con Tiberio, sino que se trataría de una selección de piezas.

Pero además de su valor estrictamente numismático, la recuperación del tesoro de Manzaneda es un ejemplo más de las relaciones que existían entre los ilustrados asturianos y contribuye a resaltar la faceta, hasta ahora poco conocida, de su interés por la numismática. Quizás este desconocimiento sea debido a que ninguno de ellos poseyó grandes monetarios que merecieran ser reseñados por su compatriota González de Posada, pero, en línea con el espíritu de su tiempo, supieron estimar el saber numismático como una importante fuente de conocimiento.

La figura de Pedro Rodríguez de Campomanes aparece estrechamente ligada a la del desarrollo del Gabinete Numario de la Real Academia de la Historia aún antes de su nombramiento como director de la institución. Suyo es el empeño de organizar y catalogar el material conservado con una metodología rigurosa y destinada a favorecer un mejor conocimiento de la historia española. No se conoce que poseyera monetario propio, o, al menos, no fue destacable, y aunque algunos autores le atribuyeron la adquisición del que luego sería monetario de la Universidad de Oviedo, parece que en realidad su papel fue meramente administrativo en la incautación de las piezas a su anterior poseedor.

La afición numismática de Gaspar Melchor de Jovellanos es poco conocida. González de Posada, su íntimo amigo, afirmaba que no poseía monetario propio, sino que su satisfacción residía en regalar piezas a sus amistades más aficionadas y a la propia Academia de la Historia. Sus donaciones de monedas al Gabinete Numario se repiten a lo largo de sus años como académico y abarcan piezas de toda época. Por desgracia, de la mayoría de ellas no conocemos la procedencia exacta, lo que resta valor a su testimonio. Aun así es resaltable la política de recuperación de las monedas emprendida por Jovellanos, ya que, como el mismo indica en una carta que acompaña uno de sus donativos de piezas ’(…) Estas monedas por lo que pueden contribuir al estudio de la Historia Imperial y a la del pais en que V. S: I. y io hemos nacido, deben existir en su poder para que haga de ellas el uso que fuese de su agrado’.

Jacinto Díaz de Miranda, eminente helenista asturiano, desempeñó diversos cargos eclesiásticos en la catedral de Oviedo. Fue nombrado académico correspondiente en 1782, y es muy posible que, por la coincidencia de fechas, este nombramiento, tuviera relación con la donación de monedas de Manzaneda.

También hay que mencionar aquellos personajes que desde Asturias, tuvieron relación con la recuperación del hallazgo, como el arquitecto Álvarez Perera o el canónigo Sierra Quiñones. Todo ello nos sirve para poner énfasis que, si bien se ha dicho que no existía una importante afición a la numismática en Asturias en esta época de las luces, sí existía un interés creciente por esta ciencia y una serie de figuras de primer nivel intelectual que permitieron que algunos hallazgos de importancia no se perdieran.

Isabel Rguez. Casanova

Para saber más:

C. B. GONZÁLEZ DE POSADA, “Noticia de españoles aficionados a monedas antiguas”, Boletín de la Real Academia de la Historia, LI, 1907, pp. 452-484.

F. MARTÍN; A. CEPAS Y A. CANTO, Archivo del Gabinete Numario. Catálogo e índices, Real Academia de la Historia, Madrid, 2004.

I. RODRÍGUEZ CASANOVA, 2009, “El tesoro de Manzaneda (Oviedo): los ilustrados asturianos y la Numismática”, Documenta & Instrumenta, 7, pp. 149-160.

J. SOMOZA, De la Numismática en Asturias, P. Hurlé (ed.), Gijón, 1984.

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